Francisco Agut nació en Sierra Engarcerán hace 54 años, y ya de niño jugaba sacando relieves a los pedruscos de la zona. Fue allí
p
recisamente, años después, donde le dio forma a su vocación, por casualidad. "Tengo una casita de piedra, que reconstruí y para la cual tallé un escudo con mi apellido -explicaba-, cuando la gente lo veía me decía que estaba muy bien hecho". Desde el momento en que sus vecinos le mostraron lo que su modestia le impedía ver, comenzó su historia en el arte. "A partir de ahí empecé a recibir encargos de conocidos que me pedían que les tallara el escudo de su apellido, o cuadros con motivos diversos". '

  Francisco Agut, que hace ya 15 años que dedica todo el tiempo que consigue sustraerle al discurrir de los días a su afición y desde hace cuatro por entero: tallar palabras, imágenes y sueños en la dura roca.
  "La mejor piedra para trabajar es la piedra franca de Mosqueruela -asegura Francisco Agut -porque es muy noble y muy recia. Recién extraída de la tierra es blanda y manejable, pero luego se endurece mucho". Son sus muchos amigos de las altas tierras de sus amores (como Morella) quienes le proveen de material.
  Retornando la mejor tradición de un Miguel Angel, labra la piedra con sus propias manos, con la única ayuda de un cincel yun martillo.
  Las paredes de la casa de Francisco Agut ostentan numerosas muestras de su afición; la Virgen de Lidón, los fundadores de la Orden del Temple o un friso copiado de la tumba de Tutan-Kamon. Además, tiene obras suyas por toda la provincia, por toda España, e incluso en el extranjero (París e Italia). Agut ya se dedica profesionalmente a su arte; aunque día a día sigue perfeccionando sus obras. "Querer es poder".
El mejor ejemplo de ello es él mismo.